viernes, 23 de enero de 2009

New York, Nueva York...


NACIDA PARA LO GRANDE E INOLVIDABLE, LA GRAN MANZANA ADMITE CON ENTEREZA LAS ALABANZAS Y LOS REPROCHES, A FIN DE CUENTAS SON MUCHOS LOS QUE RENDIDOS A SUS PIES CANTAN: "I WANT TO WAKE UP, IN A CITY NEVER SLEEPS".


(FOTO: NUEVA YORK, POR BDEBACA, EN FLICKR)

La ciudad de Nueva York no admite términos medios: o la amas o la odias. Para unos es el pináculo de la escalada civilizadora del hombre, algo así como una Babilonia ultra moderna. Para otros resulta el peor ejemplo de cómo los humanos hemos llevado a dimensiones inauditas nuestra egolatría.
Pero más allá de los sentimientos que despierta en sus habitantes y visitantes, y aun en quienes jamás han pisado sus calles, nadie niega su cosmopolitismo. No pocos se preguntan cómo pueden convivir en tan pequeño espacio de tierra -si lo comparamos con las dimensiones planetarias- tal cantidad de culturas, muchas nacidas de raíces opuestas.
La Gran Manzana, como se le ha dado en llamar, está fundada sobre los cimientos de la diversidad y la armonía, conceptos que en este caso se adecuan cuales piezas del mismo rompecabezas. Viajar en su metro, por ejemplo, deviene una inmersión en un torrente de idiomas diferentes: por lo menos 170 lenguas se hablan en la urbe, donde el 36 por ciento de sus residentes son extranjeros.
Según un estimado de la Organización de las Naciones Unidas, cuya sede precisamente se encuentra en NY, esta es la tercera ciudad más poblada del mundo, detrás de Tokio y México D.F., y la primera de los Estados Unidos. La Segunda Guerra Mundial fue un efectivo espaldarazo para convertirla en el centro internacional de la actividad política, económica, artística y de las comunicaciones, posición que no ha perdido a pesar de los vaivenes contemporáneos.
La Ciudad Que Nunca Duerme, mote que recuerda su incesante trasiego las 24 horas del día, asimismo atrae sobre ella sucesos que han impactado la historia universal. He ahí el fatídico 11 de septiembre de 2001, cuando los ojos estupefactos de la Tierra vieron derrumbarse el World Trade Center, como si asistieran a una de las tantas películas truculentas creadas en Hollywood.
Junto con la Estatua de la Libertad, el Puente de Brooklyn, el Empire State, Central Park, Wall Street, Quinta Avenida, el Metropolitan Opera House, la Universidad de Columbia, el Lincoln Center, Broadway, el Museo Metropolitano de Arte, el barrio negro de Harlem, y otros tantos símbolos neoyorquinos reconocidos mundialmente, las Torres Gemelas tipificaban una influencia que tiene su punto neurálgico en ese lugar y alcanza los rincones más apartados del orbe.
El atentado terrorista, que marcó un antes y un después para todos, igualmente permitió sacar a la luz la capacidad regenerativa de la metrópolis fundada en el siglo XVI por inmigrantes europeos en suelos entonces pertenecientes a nativos lenapes. Cuando todavía las lágrimas no se secan por completo, la Torre de la Libertad o Freedom Tower, proyecto de los arquitectos Thomas Boada y David Childs, se erige como otro emblema planetario en el espacio que ocuparon las Gemelas.
Repleta de simbolismo, los 1776 pies que alcanzará en 2013, fecha en que será inaugurada, además de rememorar el año de la independencia de los Estados Unidos y ubicarla a la misma altura que sus antecesoras, la situará entre las edificaciones más altas del mundo, superada solamente por el Burj Dubai (Emiratos Árabes Unidos), también en fase constructiva en la actualidad.
Y es que la cuna de Stanley Kubrick, Woody Allen, Oliver Stone, Martin Scorsese y Spike Lee, por solo citar a algunos imprescindibles del cine, parece existir para darle sentido a lo grande y competitivo. El nombre de NY está permanentemente asociado con los movimientos que revolucionan el pensamiento y la proyección del mundo. Incluso de sus barriadas más pobres han surgido corrientes que hoy son abrazadas por todas partes, como la cultura hip hop, nacida entre los afroamericanos de Bronx, Queens y Brooklyn.
Podría entenderse como un capricho humano haber erigido tan populosa urbanización al borde del continente y sobre tres islas: Manhattan, Staten Island y Long Island. En cambio son detalles como ese los que le aportan características especiales y le convierten en un atractivo para las personas, sin importar sus orígenes: lo único que cuenta para los neoyorquinos y sus inquilinos es el espíritu de aventura, sin dudas heredado de los fundadores.

Además...
-NY ocupa un área de 831,4 kilómetros cuadrados, donde viven unas 19 028 000 personas, según los estimados de la ONU, aglomeración superior a la de urbes históricamente superpobladas como Bombay, Sao Paulo y Shangai.
-El primer nombre de NY fue Nouvelle Angoulime (Nueva Angulema), dado por Giovanni da Verrazzano, aventurero italiano al servicio de la corona francesa, quien llegó al lugar en 1524, iniciando la colonización europea. Luego se llamó Nieuw Amsterdam cuando estuvo en manos de los neerlandeses. Su definitiva denominación la recibió después de ser conquistada por los ingleses en 1664, en honor al Duque de York y Albany.

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