Turquía (3): ESMIRNA
Me despedí de Esmirna, al final de la primera semana, con nostalgia. En una próxima ocasión conoceré más. Fue allí donde entablé amistad por primera vez con turcos y disfruté de su hospitalidad. Frente al mar que lleva su nombre recordé la leyenda griega del rey Egeo, quien se suicidó lanzándose a las azules aguas. En la pequeña población-balneario de Urla, a poca distancia de la impetuosa ciudad, disfruté del apacible oleaje. En el Hotel Kordon Cankaya, donde estuve hospedado, y en algunos restaurantes citadinos, me enamoré de la gastronomía local, tan exquisita como sana. Quedé muy impactado por la vida comercial de la urbe: calles y calles repletas de tiendas y restaurantes, con ofertas de todo tipo, algo que se repite en cada ciudad y pueblo. El turco, sin dudas, es comerciante por naturaleza. Y qué decir del Kemeralti Bazar o el Gran Bazar de Izmir, el más grande sin techo del país y posiblemente del mundo, cuya fundación data de la época otomana. No tan famoso como el Gran B...