OROS VIEJOS
Releer 40 años después uno de los libros de cabecera de mi infancia, me ha despertado el fervor por la lectura Ya no leo con la voracidad de antes: he perdido el hábito de lectura. Podría enarbolar una lista de justificaciones en las cuales a veces me escudo para no sentirme demasiado culpable. No vale hacerlo. Amigos en similares circunstancias no han dejado de devorar libro tras libro. Han peleado una batalla que yo he perdido. Me alegro por ellos, me entristezco por mí. La falta de lectura la he notado en mi lenguaje estancado, palabras y significados olvidados o difíciles de recordar. El amor por los libros lo heredé de mi padre, apodado Manolo Tasé, gran lector y escritor nunca publicado. Crecí viéndolo con un libro en las manos, sentado en un taburete recostado a la pared al estilo de los campesinos cubanos. O a la mesa del comedor llenando cuartillas y más cuartillas con su letra puntiaguda. Fue un sagaz intelectual que primero trabajó en las minas de manganeso de Charco Red...