Evidencias de nuestra salvación
Es una bendición presentar el quinto ensayo de temática cristiana del escritor Alberto Garrido (Santiago de Cuba, 1966). Publicado por Iliada Ediciones dentro de su prestigiosa Colección Yahvé, resulta una obra profunda y necesaria, disponible en Amazon. Si buscas una lectura que alimente tu espíritu y te provoque a la reflexión, este libro es para ti. ¡Altamente recomendado!
Aunque sea negada por multitudes, la vida más allá de la muerte física es una verdad inobjetable. Pocos han regresado de ese viaje para contarlo, pero quienes lo han hecho han descrito un universo superior y más rico que el que vivimos en la tierra, comparable solamente con lo descrito en la Biblia: “Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos” (Ap. 22:1-5).
La vida más allá de la muerte —o la vida eterna, como igualmente se le define— solo es posible conquistarla a través de Jesucristo, quien, sin rodeos ni temor al cuestionamiento de opositores y perseguidores, declaró que Él es el camino, la verdad y la vida, y que solo a través de Él es posible llegar al Padre (Jn. 14:6). Ese acto de conquista de la eternidad a través del Hijo de Dios es lo que se denomina salvación, la cual solo es alcanzada por aquellos que reciben, creen y viven el Evangelio, tal y como lo revelan las Sagradas Escrituras.
De hecho, el nombre Jesús significa «Salvador», y ese es uno de los principales atributos de quien murió en la cruz del monte Calvario, y fue Su primer objetivo al venir a la tierra en forma humana, pues no por otra cosa Dios envió a Su Unigénito a un mundo caído, sino para buscar y salvar lo que se había perdido (Lc. 19:10). De modo que la salvación del hombre por la obra redentora de Cristo es el corazón del propósito divino. Y esto, a pesar de no ser creído ni aceptado por multitudes, no deja de ser una verdad inamovible y eterna.
Dado que es un tema universal de suma importancia, sobre él se han escrito innumerables textos a lo largo de los siglos. Recientemente, Iliada Ediciones, en su colección Yahvé, publicó el volumen Evidencias de nuestra salvación, del conocido escritor cubano Alberto Garrido, autor de otros cuatro ensayos de temas cristianos: La verdadera batalla del creyente, La gloria de la cruz, La gloria de la resurrección y ¡Llenos del Espíritu Santo!, todos disponibles en Amazon.com.
En el capítulo introductorio de este nuevo libro, titulado «El examen más trascendental de nuestras vidas», el autor expone: “En cuanto a la salvación, los seres humanos se dividen en cuatro grupos: primero, los que saben que no son salvos y no les importa. Aquí estarían todos los ateos y marxistas. Segundo, los que creen que son salvos y no lo son. Aquí encontramos a los que han escogido el ancho camino de las religiones, en vez de a Jesús como único y suficiente Señor y Salvador, y también a los que dicen creer en Jesús, pero no dan fruto de una verdadera conversión. Tercero, los que son salvos y dudan de su salvación. Cuarto, los que son salvos y tienen certeza de su salvación. ¿En cuál grupo estás? Hay gracia para el peor de los pecadores aún, pero el Señor expresa que solo son salvos aquellos que han creído verdaderamente en Cristo y, por consiguiente, por la obra del Espíritu, dan fruto abundante”.
Dicho preámbulo indica que, a pesar de ser un escrito eminentemente cristiano, está dirigido a cualquier ser humano que habite sobre la faz de la tierra, sin importar su posición o definición ante la fe cristiana y, específicamente, respecto a la salvación de su alma. Porque —es importante resaltarlo— nuestra actitud ante las verdades eternas de Dios no las cambia ni las invalida; estas siempre se cumplen tal y como fueron establecidas por la Divinidad, a pesar de nosotros.
Iluminado por el Espíritu Santo, a lo largo del libro, Garrido discierne y presenta 14 evidencias tomadas de la Palabra que confrontan al lector ante el hecho de la salvación: «Amar a Dios centrados en Cristo», «Amar a los hermanos», «Amar las Escrituras», «El testimonio del Espíritu», «Amar a los perdidos», «No amar al mundo», «Arrepentimiento continuo», «Una fe perseverante», «No practicar el pecado», «Obediencia de corazón», «Discernimiento del error», «Perseverancia», «Semejanza a Cristo» y «Expectación por Su venida».
El también reconocido escritor cubano Amir Valle, editor y prologuista de la obra, afirma: “Este libro nos recuerda que es verdad que todos nuestros pecados fueron lavados y perdonados con la sangre pura y sin mancha de Cristo en la cruz; que el velo que nos separaba de Dios fue roto el día de Su muerte y así podemos ir cada día ante nuestro Padre sin preocupación por nuestras imperfecciones; que con la resurrección de Cristo disfrutamos de ese regalo inmerecido que es la vida eterna, y que tenemos al más perfecto de los padres, uno dispuesto siempre a recibirnos como al hijo pródigo, con fiesta en los cielos. Pero también nos echa en cara con certeza rotunda: basta de hipocresías. Basta de fingimientos. Basta de tergiversaciones de la Palabra de nuestro Padre celestial. Basta de acoplamientos de nuestra fe a las leyes y las imposiciones sociales de este mundo. Basta de mentiras”.
Recomiendo este libro. No se trata de un texto acusador. No tiene que ver con los jueces de púlpito o de internet que, a semejanza de fariseos y escribas modernos, atacan a los corazones frágiles para hacerlos sentir miserables. Escrito desde la humildad y la sinceridad de un varón escogido por Dios, es más bien un espejo que nos permite ver nuestro verdadero rostro y nos exhorta a enrumbar nuestros pasos por la senda de Cristo. No hay en este volumen imposición o látigo, sino el amor y la fidelidad que emanan de la cruz. Es, sobre todo, un llamado a disfrutar lo que Jesús hizo por cada uno de nosotros, sin importar color, raza, sexo, origen o nacionalidad. Es un recuento de la victoria del Señor sobre el pecado y la muerte; un canto a la conquista de la vida eterna.


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