La gloria de IZNIK
Iznik es una pequeña ciudad turca, en la orilla oriental del lago de igual nombre, en la región de Mármara. Allí, según se dice, nació la teología cristiana, en el 325 d. C., cuando se celebró el Primer Concilio Ecuménico de la Iglesia, del cual emanó el aún vigente Credo Niceno. En esa temprana etapa ya pululaban flagrantes falsedades que confundían y desviaban a los creyentes, como el arrianismo, que negaba la deidad de Jesús. Las fuentes no se ponen de acuerdo en la cifra exacta, pero la cantidad de obispos participantes, convocados por el emperador Constantino I, fue de entre 220 y 320, quienes llegaron, principalmente, de la parte oriental del imperio, y entre quienes estaba Arrio, que tuvo que aceptar en silencio la condena y sepultura de su doctrina.
Por largo tiempo se consideró que la trascendente reunión se había celebrado entre el palacio de verano del monarca romano, situado en la margen del entonces llamado Lago Ascanio (actual Iznik), y la iglesia de Santa Sofía (Ayasofya) de Nicea (no es la misma que la simbólica Hagia Sophia de Estambul), perfectamente conservada y convertida en mezquita. Sin embargo, en el 2014 se descubrieron cimientos de una basílica sumergidos en el lago que, conforme a la afirmación de los arqueólogos, fue la verdadera sede del cónclave. Uno de los principales defensores de esa teoría es el profesor, arqueólogo y escritor norteamericano Mark Fairchild, quien, luego de años de profunda investigación, publicó en 2024 el libro The Underwater Basilica of Nicaea (La basílica sumergida de Nicea).
En el verano de ese mismo año tuve la oportunidad de visitar Iznik como parte de The Nicaea Pilgrimage Tour (La peregrinación a Nicea), un recorrido organizado por Tutku Educational Travel, agencia turoperadora con sede principal en la ciudad de Izmir (Esmirna), que se especializa en viajes y exploraciones por sitios de interés relacionados con el cristianismo en Turquía y el Mediterráneo, y que me llevó junto a un reducido grupo de personas, provenientes de los Estados Unidos y Nueva Zelanda, desde Estambul hasta Capadocia. Fueron 12 inolvidables días que me permitieron conocer más de cerca los cimientos cristianos de la región que el Nuevo Testamento denomina como Asia Menor, con las exposiciones de lujo del mismísimo Dr. Fairchild y del carismático guía Nazim Uzun.
Iznik es una corrupción del antiguo nombre Nikaia, que se impuso con el paso del tiempo. Distante de Estambul unos 141 kilómetros por carretera, es una apacible ciudad con rastros de la gloria que vivió unos cuantos siglos atrás. Allí fuimos hospedados en el hotel Limnades, casi frente al lago, con una decoración pop que recuerda la moda femenina occidental de mediados del siglo XX y los comics. Las cortas distancias nos permitieron recorrer a pie la urbanización casi rural, rodeada de campos de cultivo, que en sus tiempos de esplendor estuvo fuertemente amurallada, de lo que quedan vestigios resistentes al paso de Cronos y de los terremotos. Aparte de trozos de muralla, permanecen en pie la puerta de Estambul, la de Lefke y la de la Nueva Ciudad, las cuales visitamos.
Nikaia fue fundada en el siglo IV a. C. por Antígono I, general de Alejandro Magno, y ha vivido en carne propia toda la historia de lo que hoy es Turquía. Es decir, que después de la época helenística en que se reconoce su nacimiento, fue regida por los romanos, luego por los bizantinos, a continuación por los otomanos, hasta llegar al gobierno actual. Esta línea de tiempo es posible entenderla mejor visitando el museo local, donde se puede caminar, incluso, por una calle de la época romana. En la decimotercera centuria fue la capital del Imperio de Nicea, el cual tuvo corta duración y se formó luego de la caída de Constantinopla (actual Estambul), en el 1204, en manos de los cruzados, y desde donde se reconquistó la capital del Imperio Bizantino. En el 325 d. C., cuando se celebró el Primer Concilio, era una plaza fuertemente amurallada y próspera, como igualmente lo era en su etapa de capital imperial.
Situada en el corazón de la pequeña urbe, la Santa Sofía de Iznik es considerada uno de los monumentos cristianos más importantes de Turquía; aunque debemos reconocer que, si hay una región del mundo donde las evidencias de la iglesia primitiva y de la etapa medieval están a flor de tierra, es la antigua Anatolia. La actual edificación, convertida en mezquita dos veces —primero en 1331, tras la conquista otomana, y luego en 2011, después de fungir como museo desde 1935—, se levantó en 1065, reemplazando estructuras originales datadas en los siglos IV y VI. Allí fue celebrado el Segundo Concilio de Nicea, en el 787 d. C., en el cual se dio luz verde a la veneración de imágenes religiosas, algo que sigue afectando a las iglesias católica y ortodoxa.
Iznik también es famosa por su cerámica. La técnica depurada, el estilo y la calidad de la materia prima convirtieron a la ciudad en el centro de producción más importante del Imperio Otomano. Legendarios sitios de Estambul, como la Mezquita Azul y el Palacio de Topkapi, están ricamente decorados con las creaciones de los artesanos nicenos. Y aunque se afirma que a finales del siglo XVII se perdió el secreto de tanto ingenio y elegancia, hoy pululan los talleres y es posible encontrar hermosas obras ornamentales.
El centro del programa en la otrora Nicea fue la visita al sitio arqueológico de la Basílica de San Neófito (sumergida), la cual se cree fue la sede del Primer Concilio Ecuménico, y donde pudimos intercambiar con el arqueólogo local Mustafa Bey, con quien el Dr. Fairchild trabajó mano a mano. Desde la orilla del lago observamos algunas estructuras sobresalientes de la antigua edificación; las mejores vistas hay que tomarlas desde el aire o con un dron en días en que el lago está en calma.
La construcción fue levantada en memoria de Neófito, un joven cristiano de la localidad martirizado por negarse a seguir las costumbres paganas impuestas por Roma, antes de que el cristianismo se convirtiera en la religión oficial del imperio. Después de haberse establecido como tal, sus seguidores levantaron la basílica a la orilla del lago, donde la tradición señalaba que estaba su lugar de muerte y su tumba. Con un estilo romano-bizantino temprano, el edificio de tres naves se considera que estuvo funcionando hasta el 740 d. C., cuando un fuerte terremoto asoló la región provocando que el lago se lo tragara. Su descubrimiento es considerado uno de los más importantes hallazgos arqueológicos de los últimos tiempos relacionados con la historia de la iglesia, y existen planes de convertir el lugar en un museo subacuático al cual podrán acceder quienes tienen experiencia en el buceo.
Al cabo de dos días en Iznik era hora de continuar el tour que me llevó por impresionantes lugares de la geografía turca. Las fotografías y videos de vez en cuando me ayudan a revivir esos momentos especiales. Sin embargo, la memoria más vívida y hermosa no logré captarla con la cámara, solo quedó grabada en mi mente: era el atardecer, el minibús ascendía una colina a medida que se alejaba de la ciudad y, allá abajo en el valle, la Nikaia de los siglos yacía con humildad en la margen del inmenso lago.

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