sábado 14 de noviembre de 2009

Yes, I Am Free

Muchas páginas se han escrito sobre la libertad. Muchas palabras han sido lanzadas al aire acerca de este tema, quizá el más polémico y preocupante desde el nacimiento del hombre. Mucha sangre se ha derramado por ella a lo largo de los milenios. Pero seguimos afanados, sin importarnos el precio de su conquista.
Una breve búsqueda en Internet arroja miles de citas de los más diversos autores y personalidades que no pudieron sustraerse de opinar o conceptuar el escurridizo término. Las constituciones de los países, desde siglos anteriores, la incluyeron como uno de sus tópicos principales.
La Declaración de Derechos de Virginia, datada en el siglo XVIII, plantea “Que todos los hombres son por naturaleza igualmente libres e independientes, y tienen ciertos derechos inherentes, de los cuales, cuando entran en un estado de sociedad, no pueden ser privados o postergados; expresamente, el gozo de la vida y la libertad, junto a los medios para adquirir y poseer propiedades, y la búsqueda y obtención de la felicidad y la seguridad”.
También de finales del Siglo de las Luces es la Declaración del Hombre y del Ciudadano, donde dice: “La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no perjudique a otro: por eso, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el goce de estos mismos derechos. Tales límites solo pueden ser determinados por la ley”.
Y con menos de una centuria, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, especifica en su Articulo I: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.
Especialmente genial fue Miguel de Cervantes y Saavedra cuando puso en boca de Quijote la siguiente expresión: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los Cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.
Como si se dirigieran a los dictadores de moda desde hace medio siglo y a los que cobran fuerzas por tierras americanas y orientales, Gandhi y Claudio Sánchez Albornoz (filósofo español) expresaron: “La causa de la libertad se convierte en una burla si el precio a pagar es la destrucción de quienes deberían disfrutarla”, y “La libertad y la democracia no consisten en aplastar al adversario”.
El historiador cubano radicado en Miami, Joaquín Estrada, publicó en su blog ‘Gaspar, El Lugareño’, el texto “Canto final del poeta”, de Francisco Riverón Hernández (1917-1975), donde aparecen los siguientes versos: “¿Qué mundo puede hacerse/ quitando a la libertad su título/ de propiedad privada?//La libertad es algo/ que nadie puede dar a nadie,/ porque no se trata/ del pan que a uno sobra,/ sino del aire que a todos pertenece”. Y un muy romántico concepto, cuyo autor desconozco, dice: “La libertad es un pájaro que voló”.
Pero ni estos ni la multitud de frases y escritos que pululan en la vasta memoria de la humanidad, se igualan a lo dicho por Jesucristo, quien en medio de un intercambio con judíos que habían creído en Él, aseguró: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (S. Juan 8:32). Más adelante, en el mismo diálogo, expuso: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (36).
De esta definición, que no se detiene en lo meramente físico, sino que tiene una explicita connotación espiritual, por ende más profunda y ligada a la esencia humana, se desprende una interrogante: ¿Qué es la verdad?; cuya respuesta igual fue dada por Jesús de Nazaret: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Jn. 14:6), dijo Cristo a Su discípulo Tomás, quien asimismo hubo de escucharle decir: “Nadie viene al Padre, sino por mí”.
Sencillas, inequívocas y rotundas, las palabras del Señor contienen una revelación que no podemos obviar: la auténtica libertad es la del espíritu. De las prisiones físicas podemos evadirnos o salir de la mano de otros hombres, pero de las espirituales solo tenemos una escapatoria: Cristo Jesús. Y entiéndase por cárceles espirituales, todo aquello que nos mantiene ligados a prácticas denigrantes de nuestra humanidad.
Existen innumerables ejemplos de personas que han conocido esa libertad espiritual. Por cientos pueden contarse los libros que se han escrito y aun seguirán escribiéndose con testimonios de individuos que han experimentado el rompimiento de dichas ataduras. Pero siempre me emociono con el relato sobre Esteban, el primer mártir de la iglesia primitiva, quien poseía tal libertad de espíritu que al ser apedreado por predicar las buenas nuevas acerca de Cristo, justo antes de morir, “puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado” (Hechos 7:60). Se refería a sus linchadores.

viernes 9 de octubre de 2009

Obamanía en Oslo

La obamanía llegó a Oslo. Mientras algunos nos preocupábamos no fuera ser que el Instituto Nobel sufriera una alucinación y decidiera otorgar el premio de la Paz-2009 a Piedad Córdoba, este sacó una carta de la manga y optó por el presidente norteamericano. Decisión que, por cierto, ha dejado con la boca abierta a no pocos en el planeta, es como si a los noruegos de pronto se les hubiese perdido el norte.
Los reportes de prensa en ningún momento lo daban como favorito. Quizá la presencia de la colombiana chavista en la nómina robó la atención y opacó a los demás candidatos. Así ocurre con los contrasentidos, terminan por atraerse el show y entretener la mirada. Pero aun con la alegría de que la mujer del turbante no se saliera con la suya, que hubiera sido también la de todos esos políticos al estilo del mandatario venezolano, me pregunto una y otra vez: ¿por qué Obama?
Con menos de nueve meses en la Casa Blanca, el hombre más popular del mundo, según las encuestas, ha hecho menos de lo que ha hablado. Y sus acciones no han sido siempre tan acertadas como se pretende, a pesar de que los titulares suelen resaltar las de carácter populista. Tampoco su presentación en el ruedo internacional ha sido muy exitosa, el hecho de granjearse los elogios de los personajillos políticos de moda habla por sí solo.
Tengo la impresión de que el Instituto Nobel se apresuró. Aunque ha mostrado sus uñas, Obama no ha tenido tiempo de hacer todo lo que pretende y puede. Hasta el momento las suyas solo han sido intenciones que han colaborado, por ejemplo, a enrarecer más la situación hondureña y a dar alas a dictadorzuelos como Ahmanidejad, que asimismo es posible traducir como restarle apoyo a Israel.
Conforme al panorama mundial, donde la pérdida de influencia norteamericana tanto en la política como en la economía, más que un augurio resulta una evidencia, la actitud de Obama no parece ser la adecuada. Acostarse con su propio enemigo nunca ha sido un método recomendado para ganar una batalla, tampoco la preocupación excesiva por mantenerle cerrada la boca a los perros.
A pesar de todo, celebro que el Nobel no se hubiese tirado la plancha, al decir cubano, yendo a manos de Córdoba. Ahora Obama es el tercer presidente estadounidense en funciones en ostentarlo: en 1906 y 1919 lo obtuvieron, en ese orden, Theodore Roosevelt y Woodrow Wilson. En 2002 le fue conferido, de igual manera, al expresidente Jimmy Carter, y en 2007 al exvicepresidente Al Gore.

viernes 18 de septiembre de 2009

Acuérdese de este día

Recientemente volví a ver la película ‘Munich’ (2005), de Steven Spielberg, con Eric Bana como protagonista. Y como suele ocurrir cuando disfrutamos por segunda o más veces un buen producto, ahora pude interiorizar de mejor forma el contenido de la realización, que en su momento levantó criterios encontrados y llegó a la 78th ceremonia de los Oscar con cinco nominaciones, aunque al final no obtuvo ninguna estatuilla.
Escudado en la ficción, el famoso autor de tantos filmes memorables, narró uno de esos sucesos terribles que marcan el devenir de la historia contemporánea: la masacre hace exactamente 37 años de 11 miembros del equipo olímpico israelí en Munich-‘72, a manos del grupo terrorista palestino Septiembre Negro, y la posterior toma de venganza por parte del gobierno de Golda Meir.
El inmenso dispositivo de seguridad desplegado en la villa olímpica alemana, no sirvió para detener la sed de sangre de los fedayines, que delante de los ojos del mundo quitaron la vida a los deportistas, quizá como una manera de hacer notar que el conflicto palestino-israelita no tenía pudor ni límites. Diez días después del hecho, comenzó a moverse el plan de Israel para eliminar a los padres del asesinato múltiple, y cuya completa ejecución se prolongó durante una década.
“Acuérdese de este día. Lo que vamos hacer puede cambiar el curso de la historia judía”, dicen fue la expresión de Meir para Avner, quien dirigiría el comando encargado de la riesgosa misión de ajusticiamiento. Frase que debe haberse grabado con fuego en la memoria del joven de 25 años que de inmediato dejó la pasividad del hogar, para marchar a Europa y otras partes del mundo donde cumpliría el encargo convertido en deber.
Era aquella una época en que la palabra “terrorismo” y sus derivados, no tenían exactamente las mismas connotaciones que adquirieron a partir del 11 de septiembre de 2001. Tampoco los medios de prensa contaban aun con la tecnología de punta actual, que les permite llegar con suma velocidad a millones de personas en un instante, que es decir imponer sus criterios con más acierto a mayor cantidad de individuos.
El cuestionamiento a la cinta de Spielberg deriva del rechazo al método de Israel para vengar a sus muertos. Si pudiésemos establecer un procedimiento científico para comparar el grado de repudio mundial a la manera de actuar de los judíos y los palestinos, me parece que con toda precisión los últimos saldrían airosos, pues se trata del mismo pensamiento antisemita extendido durante siglos y que lejos de perder vigencia hoy se refuerza.
Desde el momento en que tuve conciencia de la trampa, me opuse a la prensa cubana acostumbrada a publicar los nombres de los palestinos muertos en el enfrentamiento contra Israel, así como un rosario de notas siempre negativas acerca de los sionistas. Por eso no supe qué decir y me regocijé cuando la Editorial Pablo sacó aquel libro de entrevistas de la periodista Oriana Fallaci, entre las que aparecía una con Golda Meir, donde la Primera Ministra era exaltada como una heroína con aspecto y hábitos de ama de casa; y otra con Yasser Arafat, presentado con calificativos que hasta entonces jamás había leído sobre un amigo íntimo de Fidel Castro, al que nos habían enseñado a venerar.
Sin embargo, esa política informativa contraria a Tel Aviv no es privativa de Cuba. Al acceder a la prensa internacional comprobé con estupor que es la misma usada por la mayoría de los medios internacionales, dedicados sistemáticamente a denigrar al pueblo salido de los lomos de Jacob. Y aunque parezca no tener relación, es la misma que propicia escandalosos criterios como esos que niegan la veracidad del holocausto.
Pero, en fin, no pretendía penetrar hoy por esos entretelones de la complicada madeja universal. Mi único propósito era recordar a los deportistas judíos asesinados en la Olimpiada de Munich-’72 y a sus compatriotas que pagaron un alto precio por no dejar impunes sus muertes. También mis respetos para Spielberg, capaz de traer a la memoria colectiva un hecho que no debemos olvidar.

sábado 5 de septiembre de 2009

Three years ago…

Hace tres años llegué a los Estados Unidos. Fue al anochecer del 5 de septiembre (martes) cuando crucé la frontera que separa las ciudades de Matamoros y Brownsville. No recuerdo si la temperatura era cálida, solo que llevaba dos días sin apenas comer. Me habían retenido al amanecer del 4 (lunes), cuando me acercaba en bus a la localidad fronteriza mexicana, procedente del D.F., adonde había arribado por vía aérea 24 horas antes.
En las oficinas de migración me interrogaron incansablemente, pretendían una confesión de cuál era mi propósito al llegar allí en tan poco tiempo. Conociendo de antemano el negocio existente con los cubanos que seguían la “ruta azteca”, me resistí a decirles mi objetivo. Por la misericordia de Dios, a quien no dejé de invocar un instante, al final de la segunda jornada me dejaron en libertad. Aun en ese momento el oficial a cargo de mi caso me insistió que si quería cruzar la frontera podía hacerlo. Por precaución le aseguré que me volvería a la capital de inmediato.
Dos quarters de dollar me abrieron la puerta giratoria de entrada al pequeño puente que me condujo hasta la caseta en suelo estadounidense. El trato de este lado fue diferente. La entrevista, la foto y las marcas de las huellas digitales, formaron parte del rigor necesario para completar mi documentación. En menos de una hora tenía en mis manos una parole y otros papeles que debía presentar en las oficinas de migración de Kansas City, MO, mi destino.
La travesía de casi 30 horas desde Brownsville hasta KC, la hice en la línea de bus Greyhound, con una pequeña oficina dirigida por cubanos en la localidad fronteriza. No puedo recordar el aspecto físico del manager de la instalación, sin embargo el breve diálogo que sostuvimos se mantiene fresco en mi memoria:
-¿Acabas de cruzar la frontera?- me preguntó.
-Sí- le respondí desconfiado, a pesar de la buena atención que me habían dado, permitiéndome usar el teléfono para comunicarme con las amistades que me recibirían en KC, y ayudándome a obtener el boleto del viaje.
-¿Entonces ya lograste escapar de Fidel Castro?- volvió a preguntarme, esta vez con una sonrisa en los labios.
-Sí- le dije nuevamente.
-Eso te crees –me ripostó-, en cuanto comiences a trabajar y a mandarle dinero a tu familia, volverás a caer en sus manos…
Tampoco tengo memoria exacta del itinerario de la travesía, solo que en la mañana del 6 (miércoles) permanecí alrededor de tres horas en Houston, donde me enamoré a primera vista de esa urbe, la que pude visitar otra vez en octubre de 2008. A KC llegué a las 5:30 am del 7 (jueves), como únicas pertenencias traía la ropa con que vestía, el estuche de los espejuelos, un peine pequeño, un cepillo de dientes y la documentación que había recibido en la frontera. Nada más.
A pesar de la tensión de esos días y del recorrido tan extenso, disfruté el viaje. Cuando miraba los hermosos paisajes urbanos y rurales, me preguntaba si aquello era realidad. Un detalle me impactó mucho: la cantidad de iglesias cristianas de diferentes denominaciones a la orilla de las carreteras, a veces una frente a la otra o en la esquina siguiente. Eso me dio la seguridad de haber llegado a un país guardado por el Señor.

jueves 27 de agosto de 2009

Usain Bolt es el viento

Impactado por las hazañas del jamaicano Usain Bolt en Berlín, desde La Habana mi amigo ENMANUEL CASTELLS CARRION me hizo llegar unos emocionados escritos, que desde hace varios días estaban en mi buzón de correo electrónico sin poder ubicarlos aquí. Llegada la oportunidad, que es decir mi free-time, no escatimo en compartirlos con los lectores habituales y eventuales de este blog.BIPOLARIDAD EN EL CIELO
Acaban de cerrarse las puertas del estadio Olímpico de Berlín, capital de Alemania. Aún llueven las noticias acerca de los milagros, las sorpresas, los asombros, las tristezas y las decepciones que se generaron durante el Campeonato Mundial de Atletismo.
No voy a dar datos estadísticos ni hablar del papel o lugar de la delegación cubana en la magna cita. El domingo pasado escribí un pequeño post acerca de Usain Bolt y su electrónico record en los 100 metros planos y que ahora incluyo junto a esta nota agregada pues el bólido jamaicano siguió días después electrificando los sensoriales humanos con sus carreras extra terrenales, donde se le ve salir con una arrancada casi natural al resto de los competidores, pero a los pocos metros de la salida comienza a convertirse en una franja verde amarilla que va dejando una estela de luz a lo largo de los 200 metros o del relevo 4 x 100.
Por si fuera poco con la marca obtenida en los 100 metros planos, un día antes de su cumpleaños 23, el pasado 20 de agosto (y a un año exacto de su record olímpico en China con la espantosa marca de 19.30) Usain Bolt volvió a encubrir su condición irracional de velocista humano, se plegó las alas mitológicas con que Hermes le trasmite los mensajes de Dios y salió disparado desde el cañón de sus piernas para cronometrar un tiempo que solo se le concede a los ángeles: 19 segundos y 19 centésimas en la distancia de los 200 metros, su carrera favorita.
Dos días después, luego de confesar que se sentía agotado, junto a su patrulla de coterráneos: Asafa Powell, Steve Mullings y Michael Frater, volvió a formar parte de la cuarteta del relevo 4 x 100 obteniendo así (otra vez) el triple titulo de oro en el certamen, suceso idéntico al del año pasado en la capital de China.
He leído casi todas las notas de prensa que se han editado acerca de este fenómeno y casi todos concuerdan en que Bolt no es de esta galaxia. Han intentado acusarlo de doping pero los encargados de estas pruebas siguen aseverando que Usain “es un atleta limpio”. El propio recordista ha dicho que cuando corre, no piensa en las marcas, que solo piensa en ganar y en correr mucho, mucho, mucho…
Ya se sabe que el cielo es infinito, ni chato ni ancho, ni largo ni estrecho, ni profundo ni llano, pero imaginando que tiene dos polos, podemos asegurar que en el Norte, aparte de Dios, está Usain Bolt. Y que en el Sur, aparte de Dios otra vez y siempre, también está Usain Bolt. De eso no me queda dudas.

ESE HOMBRE ES EL VIENTO
Dicen que en el momento exacto que Usain Bolt paró el cronómetro en 9.58 en el Estadio Olímpico de Berlín, Alemania, en su natal Jamaica sopló un viento tan fuerte que los nativos de la isla caribeña perdieron la cordura, se nubló la lucidez, y el espanto primo hermano del asombro quedó maqueteado en la mejilla de todos los rostros de Trelawny, el pueblo que lo viera nacer hace ya 23 años.
El mito de los 100 metros planos ha sido aquellos record que bajen de los 10 segundos. El hombre ofrece una demostración cada vez mayor de lo que es capaz de hacer desde sus herramientas internas como el esfuerzo personal y el don inobjetable de poseer determinado dote para un evento especial de la vida.
Usain Bolt ya está en la mira de otro tipo de análisis. Desde niño es conocido en su pueblo natal como The Lightning (El relámpago), y después de las aventuras ganadas en Beiging donde se le vio correr no solo con una velocidad asombrosa, sino con una comodidad poco común en velocistas de su estirpe, se inició la leyenda de un hombre que acaba de petrificar su propio mito al detener el reloj en la cuenta de 9.58, lo nunca antes visto, lo nunca antes sucedido, lo nunca antes esperado, lo nunca antes calculado, lo nunca antes (ni siquiera) imaginado.
Asumo de buen gusto el chiste de que ya viene siendo hora en que Usain Bolt se quite el traje de ser humano para ver cómo es de verdad un extraterrestre, pues su nueva marca mundial lo coloca de a lleno en el olimpo de los dioses reales, este con la suerte todavía de que es tangible y palpable.
Comprendo entonces el rostro contrariado de Tyson Gay (su mayor rival, o viceversa?) cuando en magnífico tiempo de 9.71, tercera mejor marca de todos los tiempos, no pudo darle alcance a la flecha que se le disparó delante de sus ojos.
Asafa Powell, el coterráneo de Usain Bolt, otro grande entre los grandes, se quedó feliz con el 9.84 que le dio el Bronce Mundial y le quitó de encima el estigma de no ser un corredor de varias carreras fuertes.
Feliz como se muestra siempre, relajado, bromista con las cámaras y dominando la atención de todos los lentes, Usain Bolt parece seguir siendo a esta altura un niño grande que juega a correr mucho, como decíamos en mi tiempo de infancias: “A que no me cojes”, y salir como una bala, a cuestionar si él es el parámetro con que miden la velocidad de la luz o sencillamente callarnos porque ese hombre es el viento.

sábado 22 de agosto de 2009

La historia según Tarantino

Acabada de estrenar en los Estados Unidos, luego de una tibia acogida en Cannes ’09, el más reciente filme del polémico Quentin Tarantino, ‘Inglorious Basterds’, nos remite a la Francia de la Segunda Guerra Mundial, ocupada por los nazis.
Con el nombre estelar de Brad Pitt a la cabeza del reparto de actores, a pesar de que la suya no es la actuación más brillante, la película está estructurada en capítulos donde se cuentan dos historias que se anudan al final para llevar la ópera a su clímax.
Una de las historias es la de Shosanna Dreyfus, encarnada por la bellísima actriz francesa Melanie Laurent, quien al inicio de la cinta escapa de la muerte a manos del cruel e inteligente oficial SS Hans Landa (Christoph Waltz), y luego reaparece en París como propietaria de un cine donde tendrá lugar el momento culminante de la creación del autor de ‘Reservoir Dogs’ (1992).
(MELANIE lAURENT COMO SHOSANNA DREYFUS)
La otra historia es la del grupo suicida judío-americano “Los Bastardos”, cuyo jefe es Aldo Raine (Brad Pitt), que tenía la misión de infiltrar la jerarquía hitleriana en la capital francesa y ejecutar a cuanto alemán pudiera capturar.
A lo largo de casi dos horas y media, Tarantino, quien también escribió el guión, hace lo que acostumbra Hollywood: reinventar la realidad de modo que el sueño del espectador se realice, poniendo en lugar especial, por supuesto, la figura del americano.
En este caso el nazismo queda descabezado en el cine parisino de Shosanna, lugar de estreno de una producción aupada por Joseph Goebbels, el gran creador de la maquinaria propagandística alemana, acompañado en su balcón nada más y nada menos que por el mismísimo Adolf Hitler.
Precisamente esa parte del atentado en la sala cinematográfica, donde sin previo acuerdo se combinan las intenciones de Shosanna y “Los Bastardos” de fulminar el alto mando alemán, es la que hace endeble y truculenta la obra.
¿Quién podrá creer que en la presencia del Führer y de su segundo, Goebbels, la guardia de seguridad iba estar tan distraída para permitir a “Los Bastardos” y a Shosanna con su cómplice actuar libremente?
Pero, en fin, soñar no está prohibido, solemos decir en situaciones como estas, y sin dudas Tarantino se dejó llevar por su vasta imaginación y supongo que por un recóndito odio al nazismo, hasta el extremo de reconstruir la historia a su manera.
Aun así resulta entretenido ver ‘Inglourious Basterds’, que no deja de estar bien hecha desde el punto de vista técnico, con una narración sostenida y entretejida de forma elegante, con buena dosis de violencia (de lo contrario dudaríamos quien es el autor), y con actuaciones destacables como las del austriaco Christoph Waltz, la bellísima (reitero) Melanie Laurent y la alemana Diane Kruger.

lunes 17 de agosto de 2009

La camisa roja

¿Estaría preparado Juanes para la polémica desatada por su anuncio de hacer un concierto por la paz en La Habana? A saber. Aunque alguien argumenta que todo responde a una campaña publicitaria de la que muchos están tomando su tajada, lo más probable es que lo haya pensado de manera pueril, creyendo que recibiría honores de héroe y que detrás de él marcharía una fila de artistas con ideas progresistas.
Soy de la opinión que un concierto más o uno menos, no mejorará ni empeorará la situación cubana. Durante media centuria son muchos los que han ido y venido de la Isla. Incontables los amigos que se han convertido en enemigos y viceversa. Cientos los que han hablado a favor y en contra, y también los que se han retractado de sus palabras. Sin embargo, el régimen se mantiene estoico, las mareas chocan contra sus muros sin lograr derribarlo.
No sería ni el primero ni el último que en nombre de un supuesto apoliticismo o de una conciencia izquierdista, coquetee con el gobierno insular. Las estrellas de Hollywood nos tienen acostumbrados y no por ello dejan de hacer sus películas y sus millones cada año. Al final una cosa no está reñida con la otra, por el contrario a veces esas “irreverencias” ayudan a crecer las cuentas bancarias.
Pero he aprendido que nada hay gratuito, menos en esta época especializada en esconder tras las escenografías más inofensivas, los mensajes más agresivos. Y, asimismo, que las novatadas se pagan caro. Quizá la ponzoña no vaya por parte del cantante, quien no dudo haya albergado las mejores intenciones en su idea, además de un olímpico desconocimiento de sus posibles connotaciones. El trasfondo viene por parte de aquellos que por adelantado se saborean por la trascendencia del suceso.
No hay que ser ducho en asuntos políticos para percibir algo raro en la anuencia de los gobernadores cubanos de prestar la Plaza de la Revolución para un concierto de un artista internacional de moda que proclamará la paz en una nación que lleva medio siglo montada en una balsa de aceite. Como mismo hay gato encerrado en la complacencia de la Secretaria de Estado norteamericana en que Juanes y todo el que quiera ir a cantar a La Habana, lo haga.
Por una parte, porque la experiencia de estos 50 años nos dice de la habilidad de los insulares para atrapar en sus redes a todo el que se le acerca, no importan sus intenciones, y aun más para anotarse un tanto ideológico favorable de cualquier acontecimiento que tenga espacio en el país o allende sus mares si es que tiene alguna relación con él. Y por otra, porque el brusco giro del discurso estadounidense hacia Cuba no pasa de ser un anzuelo que ni el más incauto pececillo se traga.
Y en medio de todo esto el pobre de Juanes se da la tarea de enfrentarse a voz en cuello contra los que lo cuestionan. Supongo que sean los días más álgidos de su carrera artística: acostumbrado al éxito, se le debe hacer raro que de pronto la tortilla se le haya virado y esté situado entre dos aguas. Ir o no ir, esa es la cuestión. Alguno que otro se ha encargado de recordarle al inefable Oscar de León, que llegó besando la tierra cubana y luego se lavó la boca públicamente como muestra de arrepentimiento por el desliz que le trajo no pocos dolores de cabeza.
Los últimos aportes a la fototeca del famoso de La camisa negra, están para chuparse los dedos. Hace poco lo vimos de tú a tú con Hillary Clinton. Ahora elnuevoherald.com lo presenta, gracias a la gentileza de lajiribilla.com, en un fraternal abrazo con Amaury Pérez, quien dirigirá el espectáculo previsto para el 20 de septiembre, y Silvio Rodríguez, uno de sus invitados… Nada, que debemos estar preparados, no sea que como colofón se nos aparezca tomado de la mano con Raúl y quién sabe si hasta en los aposentos secretos de Fidel. Todo puede pasar.
El colombiano parece un hombre de convicción, dispuesto a seguir su aventura pacifista sin importarle las consecuencias. Eso significa que el concierto de La Habana va, mientras tanto goza de una publicidad gratuita sin precedentes. Cada jornada aparece un nuevo titular sobre el tema compitiendo con los sucesos más importantes del mundo, y lo mejor o lo peor, no sé bien, es que todavía falta mucho por hablar.