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Ángeles desamparados: 10 años

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Ha transcurrido una década desde la publicación de Ángeles desamparados (Ediciones Bayamo, 2001), la novela de mi amigo Rafael Vilches, en cuya gestación y nacimiento participé de manera activa. Eran los tiempos en que el Grupo Literario Espiral daba sus mejores frutos y se hacía notar en la provincia cubana de Granma y otros espacios literarios y culturales de la Isla. También fue la época en que surgieron las editoriales provinciales y los jóvenes escritores lograron burlar de cierta forma el ostracismo a que estaban condenados por las editoriales nacionales. No solo para su autor, asimismo para sus amigos y para los entusiastas de las novedades literarias, la salida de este libro devino transgresión del status quo de Bayamo, ciudad que en el siglo XIX se destacó por la mente universal de sus intelectuales, pero que hoy día es un santuario del conservadurismo. A todos nos pareció valiente por parte de Vilches, darle vida a personajes y situaciones tan similares a la realidad, que er...

El cine de mi infancia

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Una conversación trivial con un amigo, despertó en mi memoria el recuerdo del cine de mi infancia: un viejo caserón de madera, puntal alto y techo de hojas de zinc, que por los años ’70 de la anterior centuria, cuando yo era un niño, pugnaba con sus últimas fuerzas para no irse al suelo, pero que debió tener su época de oro en las décadas de los 30 a los 50. Mi pueblo, cuyo nombre original es Charco Redondo -rebautizado en 1968, el año de mi nacimiento, como Minas Harlem-, fue escenario en la primera mitad del siglo XX de una próspera explotación de manganeso. Como suele ocurrir en tales casos, la floreciente extracción del mineral atrajo a las más variopintas especies. Además de los hombres que en busca de ocupación corrían desde las cuatro esquinas de la isla cubana, llegaron las abnegadas trabajadoras del sexo, los vendedores de artificios y diversos enseres, los cirqueros y un largo etcétera. Como símbolo de la abundancia proliferaron las fondas y bares, con sus juegos de billar y ...

Lector de tabaquería

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Fui de los niños que antes de aprender a leer daba cañonas para que le leyeran cuentos infantiles, y luego de aprenderlos los repetía como si estuviese leyéndolos, incluso con el libro al revés. Eso no lo recuerdo, repito lo que me contaron una y otra vez a lo largo de la vida. La afición sin dudas la tomé de mi padre, gran autodidacto, a quien debo haber visto leer y escribir desde que abrí los ojos por primera vez, y de quien siempre admiré su cultura, memoria y capacidad para filosofar y hablar de hechos de la historia antigua y universal con la precisión del investigador. De modo que crecí entre libros, periódicos y revistas. En mi casa no había tantos, apenas un pequeño estante de madera, pintado de negro, que todavía existe. Pero era lo que me atraía. Recuerdo a Antolín y Graciela, unos ancianos vecinos de la casa donde viví hasta los 11 años, quienes eran lectores empedernidos y tenían muchos volúmenes. Mi sueño era acceder a su biblioteca y heredarla. Al final no supe el destin...

Avanti 2010

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Ha transcurrido tan solo una semana del 2010 y parece que el tiempo es mayor. La convencional distensión de las celebraciones propias de la fecha, se esfumó con la misma velocidad con que nos pareció había llegado luego de 12 meses. Da la sensación de estar metidos en una pista con Usain Bolt como contrincante. La cotidiana ojeada a los titulares nacionales e internacionales nos pone delante de un plato que se repite hasta asquearnos. Sin embargo, seguimos pegados a las interminables páginas, quizá en busca de la noticia que aporte esperanza en medio de tanta desazón y oscuridad. Internet es mucho de lo mismo. Si no fuera por que las opciones no sobreabundan, a veces preferiría desconectarme de una vez y para siempre. Pero conforme al cariz de este siglo eso resultaría poco menos que un suicidio. Andan por ahí los que se preguntan cómo será la vida de aquellos millones que no conocen la gran red. Presiento que les va mejor que a quienes hemos creado adicción a ella. Por lo menos no se ...

Vilches, como la Loynaz, como Quijote

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Como Dulce María Loynaz, la más universal de las escritoras cubanas, mi amigo Rafael Vilches Proenza estuvo de cumpleaños este 10 de diciembre. Cuando la autora de Jardín hubiese cumplido 107, el Vilcho llegó a los 44. Mientras el recuerdo de ella sobrevoló el planeta (por miles se cuentan los admiradores de su obra, que no pudo ser opacada a pesar del ostracismo que sufrió a lo largo de gran parte de su vida, y de la censura que la hizo ajena por mucho tiempo para las actuales generaciones), él tal vez se limitó a aceptar el íntimo agasajo de su esposa e hijos, sin bombos ni platillos. Y es que, en jerga popular, ‘el horno no está para galleticas’ para alguien que ha tenido la disloca iniciativa de pensar en Cuba. Las recientes noticias acerca del escritor que nació en un recóndito sitio llamado Las Mil Nueve, no han sido halagüeñas. Sus últimas fotos me impactaron por la delgadez que luce ahora, anormal para alguien cuya complexión física nada tiene que ver con lo quijotesco. Aunque...

Cada palabra sabe algo sobre el círculo vicioso

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Por Herta Müller Discurso de la escritora rumano-alemana previo al recibimiento del Premio Nobel de Literatura 2009, Estocolmo, 7 de diciembre. ¿TIENES UN PAÑUELO? me preguntaba mi madre cada mañana en la puerta de casa, antes de que yo saliera a la calle. Yo no tenía el pañuelo, y como no lo tenía, regresaba a la habitación y sacaba un pañuelo. No tenía el pañuelo cada mañana, porque cada mañana aguardaba la pregunta. El pañuelo era la prueba de que mi madre me protegía por la mañana. A otras horas del día, más tarde o en otras circunstancias, quedaba a merced de mí misma. La pregunta ¿TIENES UN PAÑUELO? era una ternura indirecta. Una directa hubiera sido penosa, algo que no existía entre los campesinos. El amor se disfrazaba de pregunta. Sólo así podía decirse a secas, en tono de orden, como las maniobras del trabajo. El hecho de que la voz fuera áspera realzaba incluso la ternura. Cada mañana estaba yo una vez sin pañuelo en la puerta, y una segunda vez con pañuelo. Sólo después sal...

Yes, I Am Free

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Muchas páginas se han escrito sobre la libertad. Muchas palabras han sido lanzadas al aire acerca de este tema, quizá el más polémico y preocupante desde el nacimiento del hombre. Mucha sangre se ha derramado por ella a lo largo de los milenios. Pero seguimos afanados, sin importarnos el precio de su conquista. Una breve búsqueda en Internet arroja miles de citas de los más diversos autores y personalidades que no pudieron sustraerse de opinar o conceptuar el escurridizo término. Las constituciones de los países, desde siglos anteriores, la incluyeron como uno de sus tópicos principales. La Declaración de Derechos de Virginia, datada en el siglo XVIII, plantea “Que todos los hombres son por naturaleza igualmente libres e independientes, y tienen ciertos derechos inherentes, de los cuales, cuando entran en un estado de sociedad, no pueden ser privados o postergados; expresamente, el gozo de la vida y la libertad, junto a los medios para adquirir y poseer propiedades, y la búsqueda y obt...