martes, 7 de julio de 2009

¡Avanti, Honduras!

“¡Baño de sangre! ¡Baño de sangre…!”, graznó el cuervo venezolano. El saldo: dos muertos y todo listo para comenzar el diálogo. Por primera vez en la historia, que yo recuerde, Honduras es el protagonista del interminable culebrón del devenir político latinoamericano.
Pero en buena hora. Aunque los torquemadas internacionales lo condenan a la hoguera, finalmente un país se reveló contra la moda de los caudillos regionales, quienes se valen de la democracia para llegar a la silla presidencial, y de inmediato se arrogan el derecho de pisotearla con el afán de perpetuarse en el poder, dizque en nombre del pueblo.
Es curioso, mientras Zelaya al estilo de su tutor Chávez y sus condiscípulos del área, hacía presión para reelegirse, sin importarle la violación constitucional, nadie emitió la mínima palabra. Pasivos, todos miraban y de seguro alguno que otro se frotaba las manos, y no faltaría el que le hiciera una llamadita telefónica para alentarlo, a fin de cuentas ya tenía el visto bueno del gran patriarca asentado en La Habana.
En cambio, cuando los hondureños decidieron que su pedazo de tierra no era Cuba ni Venezuela, y a su modo cortaron la mala hierba, unánimes los defensores de la democracia se levantaron para censurar, sancionar, expulsar, excluir.
Esta fue una emocionante escena en la que se abrazaron los eternos enemigos y hasta tuvo su detalle cómico: los Estados Unidos que levantaba su dedo acusador junto a las naciones democráticas de la región (léase Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia…), recibía al mismo tiempo la acusación de urdir los sucesos. El buenazo de Evo siempre de más sobresaliente.
Por primera vez desde que tengo conciencia política, me veo en la obligación de aceptar las palabras de Fidel Castro: la OEA no pone una. Todavía con el rostro enrojecido por el bochorno que le hizo pasar Cuba al no aceptar su readmisión, aun cuando le rogaron que lo hiciera, corre a hacer el papelazo.
Insulza, tan ocupado en defender la democracia hondureña, no ha tenido tiempo para escuchar el reclamo del alcalde de Caracas, que desde la sede venezolana de la organización, lleva varios días de ayuno para denunciar el abuso de poder de Chávez, quien de manera deliberada y flagrante lo ha despojado de sus funciones, a pesar de haber sido elegido democráticamente. ¿Acaso temerá que en otro Aló Presidente vuelvan a llamarlo “insulso”?
¿Cuántos de los que se pronunciaron horrorizados por la muerte de los manifestantes hondureños, lo hicieron por la masacre dominical en la región china de Xinjiang? Y no es que el hecho de que hayan sido solamente dos las víctimas en el aeropuerto de Tegucigalpa, reste importancia al suceso; sin embargo, no hay que ser tan hipócrita o, por lo menos, practicarla con cierta discreción.
Y qué decir de la comparsa preparada para el regreso de Zelaya. ¿Sería que los presidentes de Ecuador, Argentina y Paraguay, no tenían nada que hacer en sus respectivos países que podían dedicarse a secundar al envalentonado, quien en su desespero no paró la carrera hasta la oficina de Clinton en Washington? Por cierto, qué pensarán de él ahora sus amiguitos de Latinoamérica, tan reacios a admitir a Norteamérica en su círculo íntimo.
Al cabo de poco más de una semana de crisis, la mesa de diálogo está puesta en Costa Rica, con Oscar Arias, presidente y Premio Nobel de la Paz, como mediador. Si me correspondiera escribir el final de este capítulo de nuestra historia, a pesar de sus pataletas Zelaya no volvía a la oficina presidencial, y Honduras era elevada ante los ojos de los latinoamericanos como ejemplo de lo que se debe hacer a los bravucones que por ahí pululan.

2 comentarios:

  1. Oh! que chido esta esto, a petición de un amigo mio, waow!

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  2. Lo primero que pensé de todo esto fue que por fin alguien (entiéndase la gente decente de algún país de la órbita "chavista") se había decidido a ponerle coto al desorden que ha armado la izquierda idiota en Latinoamérica. Pero luego recordé que lo de nuestro subcontinente no tiene remedio. Si ganamos la batalla anti-Zelaya en Honduras, las heridas que han dejado los Chávez-Castro-Correa-Evo-Ortega sé que demorarán en cerrar. Aunque quizá den paso a otro período de radicalización política en sentido inverso. Creo que lo mejor será no prestar demasiada atención a este desdichado pedazo de mundo.

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