sábado, 27 de junio de 2009

Arrastrado por la marea

Hubiese preferido escribir sobre mi visita a la Estación vieja del ferrocarril de Kansas City, convertida en un excelente lugar de esparcimiento para niños y adolescentes; o sobre las altas temperaturas que me agobian como si nunca hubiese vivido en el trópico, y provocan fuertes tormentas al anochecer; o sobre la situación política de Honduras, donde otro presidente elegido democráticamente hace fuerza para acuchillar la democracia; o sobre…
Pero al cabo me dejo vencer por la marea informativa del fin de semana: la muerte de Michael Jackson, ocurrida el pasado jueves por un paro cardiaco en Los Ángeles, copa los titulares de todos los medios de comunicación, que tejen los entramados de uno de los grandes mitos de los finales del siglo XX y principios del XXI.
Pude haber tomado la primicia y convertirme en uno de los millones de terrícolas que el reciente 25 de junio se apuraron en repetir la noticia. A las cuatro de la tarde cuando salí del trabajo, la televisión todavía homenajeaba a Farrah Fawcett, actriz de Hollywood fallecida ese mismo día luego de una batalla campal contra el cáncer. Mi mente, en tanto, se centraba en el recuerdo de mi buen amigo Llabier que celebraba su cumpleaños treinta y pico en Cuba.
Sin embargo, poco a poco fue apoderándose del éter la noticia, de modo que pronto me vi atrapado, como casi todo el mundo, en la avalancha noticiosa acerca de un hombre que hizo del excentricismo su estilo de vida. Incrédulo, al principio pensé que se trataba de otra de sus campañas publicitarias, que es decir otra de las tomaduras de pelo a las que nos tienen acostumbrados los famosos, ávidos por ocupar los primeros sitios en los rating de popularidad.
De pronto no se habló de nada más y tuve que aceptarlo: no había nueva oportunidad para alguien que cosechó y derrochó incalculable cantidad de dólares y, sin embargo, no logró atrapar la felicidad. De niño, cuentan, fue víctima del padre que supo explotar el filón musical de sus talentosos hijos, en especial del menor de los varones. De adulto, sabemos, fue víctima de él mismo.
¿Cuáles serían sus últimos pensamientos? ¿Estarían dirigidos a Dios, a sus hijos, a los fans que esperaban reencontrarlo en Londres en julio, a sus acreedores que le recordaban su inmensa deuda, o como Fidel Castro cuando en el verano de 2006 fue sometido a una urgente intervención quirúrgica solo se preocupaba por arreglar detalles de su biografía?
Nunca sabremos, aunque a lo mejor más adelante aparezca un conmovedor relato al respecto. Tal vez no tuvo tiempo para nada, o en su vanidad solo atinó a retocarse un poco el maquillaje y acomodar el mechón rebelde de la frente.
En una interesante entrada publicada por elmundo.es bajo el título de “Fagocitados por el éxito”, aparece una nómina de individuos que en su momento revolucionaron la música y murieron prematura y trágicamente. Entre ellos Elvis Presley (sobredosis de droga y alcohol, 42 años), Kurt Cobain (suicidio, 27), Jimi Hendrix (sobredosis, 27), Janis Joplin (sobredosis, 21), Ian Curtis (suicidio, 21).
Todos, incluido el autor de “Thriller”, tuvieron en común el acceso temprano a la fama y el meteórico ascenso a la terrible categoría de ídolos de multitudes. En cambio, ninguno como Jackson retó a Dios: sus frustrados esfuerzos por cambiar de raza, su megalomanía que lo hizo creerse un mesías, la habilidad para manipular a su antojo a las masas...
Una parábola usada por Jesucristo (S. Lucas 12:16-21) habla acerca de un hombre rico que luego de haber crecido desmesuradamente en bienes materiales, dice a su propia alma: “Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate”. A continuación la Palabra recoge la respuesta de Dios: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?”.

jueves, 18 de junio de 2009

Profesor de Español y Literatura

Al leer “Quijote se escribe con K”, en el blog Generación Y, de la habanera Yoani Sánchez, recordé mi efímera experiencia como profesor de Español y Literatura del Curso de superación integral para jóvenes, programa que devolvió a las aulas a miles de cubanos desvinculados del estudio y el trabajo.
Varios factores se combinaron para llevarme a asumir la responsabilidad de impartir tal asignatura a personas que si en su etapa de secundaria y preuniversitario no les interesaba la materia, en ese momento mucho menos. Más allá de mi predilección por la lengua y la literatura españolas, que en casi toda mi vida estudiantil me dio a los mejores profesores, la necesidad de otro ingreso económico fue el principal motivo.
Como cualquier profesional de la Isla, mi salario de periodista primero y editor luego, me alcanzaba apenas para solventar una mínima parte de mis necesidades básicas, y como muchos otros vi en esta oportunidad una manera digna de traer menos vacía mi exigua billetera.
Desde el principio supe que cualquier esfuerzo por estimular el intelecto de mis alumnos sería infructuoso. A la gran mayoría no le interesaba un comino el estudiar, su estancia allí era un parapeto para evitar la mirada indiscreta de la policía y moverse con mayor libertad en el mercado negro y la delincuencia.
Frente a aquel colectivo que reunía personas desde menos de 20 años hasta casi 30, me sentía como un ser de otra galaxia. Me daba cuenta que mis exposiciones rebotaban contra un infranqueable muro de desidia. Para colmo de males la carencia de un libro o folleto dirigido al profesor, me obligaba a enterarme junto con los alumnos del contenido de las clases que tomábamos por la televisión.
Lo cómico o lo trágico, no sé bien, era que con frecuencia no recibíamos el tema, ya fuera por la mala calidad de la señal televisiva o por los apagones, que de paso provocaban la suspensión de las actividades.
De esa forma llegamos al primer corte evaluativo con un trabajo de control que traté de preparar al más bajo nivel. Los resultados fueron desastrosos, fui el profesor con la peor promoción de la escuela, por lo menos el 75 por ciento de mis alumnos suspendieron.
Una parte considerable no fue capaz de superar las exigencias de contenido del examen, y entre los que lo lograron buen número perdió el aprobado por la ortografía. No tengo en mente ejemplos de los disparates que hube de procesar en esa ocasión, solo recuerdo que unos cuantos eran semianalfabetos, ni sus nombres escribían de manera correcta.
A pesar de ello, quizá hubiese seguido un tiempo más inmerso en ese mundo que llegó a lacerarme intelectualmente y a fin de cuentas no beneficiaba demasiado mi bolsillo. Pero la ruptura sobrevino cuando la jefa de departamento me solicitó una revisión de la clave del examen. En otras palabras, pretendía que yo cambiara los parámetros de evaluación para de esa forma aprobar a los estudiantes.
Asimilé tal petición como un insulto y resolví apartarme. De todos modos no creo que hubiese demorado mucho en ser despedido. No era yo, precisamente, el profesor de Español y Literatura que necesitaban.

viernes, 12 de junio de 2009

La gran vedette

Hay personajillos de la farándula, como la cubana asentada en México Niurka Marcos, que todos los días se inventan nuevas historias, chismes, dimes y diretes, que le permitan aparecer en los medios de comunicación. Tal es su forma de procurar una trascendencia, en tanto su vida profesional pasará sin penas ni glorias. Ayer fue el novio de esta, hoy el marido de aquella, mañana…
De la misma forma existen personajillos de la política que han aprendido muy bien la lección de los supuestos artistas, y cada jornada se las arreglan para disputarles los titulares de la prensa mundial. Experto en ello es el presidente venezolano Hugo Chávez, quien no deja escapar la mínima oportunidad para ponerse los moños y presentarse ante las cámaras hablando las cosas más insólitas y alarmantes que podamos imaginar.
Pero la gran diferencia entre lo que expresan las divas de la televisión, y lo que sale de la boca de alguien como el autoproclamado bolivariano, es que las palabras de las primeras están condenadas a morir en breve tiempo, por muy punzantes que sean; mientras que las del segundo transforman de manera drástica el devenir de una nación y aun influencian un continente. De este modo, a pesar de que sus absurdos decires muchas veces provocan la risa, más bien debíamos llorar.
Con diez años en el poder y con un pasaporte para prolongarse indefinidamente, Chávez es el prototipo de los que en nombre de su ideal ponen las botas sobre quienes tengan que ponerlas. Maestro no le falta, pues desde sus primeras andadas Fidel Castro lo tomó no como un simple discípulo, sino como hijo adoptivo al que trasmitió su amplísima experiencia en los menesteres de estrangular un país ora con soga marinera, ora con lazo de seda. Todavía hoy, cuando el ex-presidente caribeño convalece escondido de sus conciudadanos, el venezolano corre cada cierto tiempo a su guarida habanera en busca de consejos.
Frases como “revolución bolivariana”, “socialismo del siglo XXI” e “imperialismo yanqui”, son constantes en el discurso chavista. Las primeras para designar un proyecto que detrás de la máscara del populismo y las transformaciones sociales a favor de los pobres, convierten a Venezuela en un país cada vez más dependiente del mercado extranjero. La última, siguiendo la moda impuesta por Cuba hace medio siglo, para definir a los Estados Unidos, tachado como el siempre culpable de los males internos de los latinoamericanos.
¿Hasta cuándo se prolongará el reinado de esta egocéntrica vedette? No sabemos, sus seguidores son muchos dentro y fuera de Venezuela, tantos como sus detractores. Al estilo de su tutor ha sabido esconder detrás del disfraz de ángel la puntiaguda cola y engatusar a multitudes de incautos, incapaces de ver más allá de la fachada o, simplemente, volver la mirada hacia el pueblo cubano, alimentado más con una ideología enajenante que con pan.
Sin embargo, asumo las palabras del escritor Carlos Alberto Montaner, quien refiriéndose al mandatario venezolano y su engendro político, luego de analizar el contexto latinoamericano presente y futuro, concluyó una columna titulada “Chávez, ¿va ganando en América Latina?”, con la siguiente expresión: “Tomará tiempo y no será fácil, pero ese minucioso disparate está condenado a desaparecer”.

viernes, 5 de junio de 2009

René Capote in memoriam

(CORO PROFESIONAL DE BAYAMO, FUNDADO POR RENE CAPOTE EL 7 DE ENERO DE 1962)

Hace una semana murió en Bayamo, Cuba, el músico René Capote. La noticia me llegó fresca y aunque mi fuente de información es confiable, esperaba la confirmación por la prensa local, de donde pretendía tomar algunos datos de interés acerca del octogenario pianista. Pero los días han pasado y solamente pude leer una crónica en La Esquina Bayamesa, blog del periodista David Rodríguez, de Radio Bayamo, con fecha 20 de mayo, escrita tal vez cuando ya era inminente el deceso.
No me corresponde ni pretendo conjeturar sobre el silencio mediático, supongo que por lo menos la radio se haya hecho eco del acontecimiento, dada la importancia de esa prominente figura. Sin embargo, no deja de llamarme la atención y me pregunto si yo hubiese procedido de igual manera en caso de formar parte aun del gremio periodístico bayamés. Creo que a pesar de los tiempos y las sazones, por lo menos le hubiese dedicado algunas palabras al hombre que deja una huella profunda en la música contemporánea de esa ciudad.
Nieto del Mayor General de las guerras de independencia cubanas, José Manuel Capote, René dedicó toda su vida al piano y su enseñanza. En una entrevista que me concedió hace varios años, me confirmó que su abuelo fue uno de los que le sembró el amor por el instrumento. A él dedico sus primeros conciertos cuando apenas era un aprendiz de corta edad. En las apacibles tardes de la provinciana localidad, interpretaba valses y otras melodías para el anciano curtido en la manigua mambisa.
Junto a otro eminente intelectual, Víctor Montero, Capote era de los sobrevivientes del Grupo Literario Acento, que marcó a Bayamo en su época republicana. Aunque no con la trascendencia del Grupo Orígenes, Acento impactó la historia de la literatura con una revista de igual nombre, donde además de sus miembros, publicaron personalidades reconocidas en Cuba. La academia de música del pianista era el lugar donde cocían sus planes aquellos jóvenes con fuerte convicción martiana.
Capote también fue el fundador y primer director del Coro Profesional de Bayamo, colectivo que entre sus méritos supo dar continuidad a un movimiento devenido tradición. Asimismo, fue autor de planes de estudio y superación para músicos. Como maestro son muchos los que pueden dar cuenta de su labor, como concertista queda el testimonio de los aplausos que le fueron tributados.
Casi toda su vida vivió en la casona de la calle Martí, donde ahora radica la dirección provincial de patrimonio cultural. Allí nació y transcurrió, hasta que hace algunos años por alguna razón y no sé con cuáles artes, la institución logró desplazarlo para restaurar el inmueble y situar sus oficinas. Una placa al lado de la puerta principal recuerda a su abuelo, quien al decir del periodista Raynor Rivera en La Demajagua digital (26 de septiembre de 2006), “sufrió el olvido y desatención”.
¿Mera coincidencia o sino familiar?

lunes, 1 de junio de 2009

Polisemia e ironía

Confieso que detesto los flea markets. Al de Kansas City -cercano a mi casa, por cierto-, había ido solo una vez en los casi tres años que llevo residiendo en esta ciudad. Pero el que no quiere caldo…
Recientemente fui con un amigo, que me tuvo caminando alrededor de tres horas por aquellos vericuetos atestados de variopintas personas e inimaginables productos en oferta.
A la salida iba con el convencimiento de que es el mejor sitio para realizar un trabajo socio-etnológico acerca de la diversidad racial y cultural de la urbe y, si se quiere, del país. También es el lugar al que deben acudir los estudiantes de mercadotecnia.
En una de aquellas ventas me encontré con un viejo conocido. Todavía no sé qué pensar, solo atiné a dejar constancia gráfica.