jueves, 18 de junio de 2009

Profesor de Español y Literatura

Al leer “Quijote se escribe con K”, en el blog Generación Y, de la habanera Yoani Sánchez, recordé mi efímera experiencia como profesor de Español y Literatura del Curso de superación integral para jóvenes, programa que devolvió a las aulas a miles de cubanos desvinculados del estudio y el trabajo.
Varios factores se combinaron para llevarme a asumir la responsabilidad de impartir tal asignatura a personas que si en su etapa de secundaria y preuniversitario no les interesaba la materia, en ese momento mucho menos. Más allá de mi predilección por la lengua y la literatura españolas, que en casi toda mi vida estudiantil me dio a los mejores profesores, la necesidad de otro ingreso económico fue el principal motivo.
Como cualquier profesional de la Isla, mi salario de periodista primero y editor luego, me alcanzaba apenas para solventar una mínima parte de mis necesidades básicas, y como muchos otros vi en esta oportunidad una manera digna de traer menos vacía mi exigua billetera.
Desde el principio supe que cualquier esfuerzo por estimular el intelecto de mis alumnos sería infructuoso. A la gran mayoría no le interesaba un comino el estudiar, su estancia allí era un parapeto para evitar la mirada indiscreta de la policía y moverse con mayor libertad en el mercado negro y la delincuencia.
Frente a aquel colectivo que reunía personas desde menos de 20 años hasta casi 30, me sentía como un ser de otra galaxia. Me daba cuenta que mis exposiciones rebotaban contra un infranqueable muro de desidia. Para colmo de males la carencia de un libro o folleto dirigido al profesor, me obligaba a enterarme junto con los alumnos del contenido de las clases que tomábamos por la televisión.
Lo cómico o lo trágico, no sé bien, era que con frecuencia no recibíamos el tema, ya fuera por la mala calidad de la señal televisiva o por los apagones, que de paso provocaban la suspensión de las actividades.
De esa forma llegamos al primer corte evaluativo con un trabajo de control que traté de preparar al más bajo nivel. Los resultados fueron desastrosos, fui el profesor con la peor promoción de la escuela, por lo menos el 75 por ciento de mis alumnos suspendieron.
Una parte considerable no fue capaz de superar las exigencias de contenido del examen, y entre los que lo lograron buen número perdió el aprobado por la ortografía. No tengo en mente ejemplos de los disparates que hube de procesar en esa ocasión, solo recuerdo que unos cuantos eran semianalfabetos, ni sus nombres escribían de manera correcta.
A pesar de ello, quizá hubiese seguido un tiempo más inmerso en ese mundo que llegó a lacerarme intelectualmente y a fin de cuentas no beneficiaba demasiado mi bolsillo. Pero la ruptura sobrevino cuando la jefa de departamento me solicitó una revisión de la clave del examen. En otras palabras, pretendía que yo cambiara los parámetros de evaluación para de esa forma aprobar a los estudiantes.
Asimilé tal petición como un insulto y resolví apartarme. De todos modos no creo que hubiese demorado mucho en ser despedido. No era yo, precisamente, el profesor de Español y Literatura que necesitaban.

2 comentarios:

  1. voy a seguir tu blog , es creativo y veo que eres una persona inquieta y creativa, y a las personas interesantes son bien miradas.

    felicidades y a seguir trabajando para que todos disfrutemos con este, tu espacio.

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  2. Chema, nice to meet you. Muchas gracias por revisar mi blog y por tu valoracion, ya eche una mirada ligera a uno de los tuyos, con mas tiempo los escudrino todos.

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